Reloj en la muñeca, paciencia en los ojos
Prueba ciclos de treinta, noventa y trescientos segundos. En el primero, anota solo formas; en el segundo, agrega sombras y verbos; en el tercero, escribe olores y sonidos. Ese crescendo revela patrones que, sin disciplina temporal, pasarían inadvertidos entre conversaciones, motores lejanos y anuncios luminosos.